Fernando Nerú.

No hay más soledad que la mía


A Isabel del Carmen D´Mayo.

No hay más soledad que la mía.
Sí indefinido vivo
como un verso de penuria extensa,
una mente hoguera llena de lenguajes sin tiempo,
como el humo camino del errante del siglo,
tapiado en el predicado cobijo de una era fría.

Hay carga en la marcha,
hay campos en un vado de mar,
hay lejanías que estando sin estar pesan,
y días en que la muerte me suspende sobre un hilo.

No hay más soledad que la mía,
solo una mañana libre que se retuerce en su mancha,
mirando en sus propios ojos a otros ojos que despiertan,
quizá y al desvariar va en la lógica inmunda
de innúmeras horas sin alma.

-¡Vuelve! que a falta de tú prisión es mi pesar
¡Vamos! Desemboca parte de la sobredosis de mi viaje,
dejando tranquila a mis arenas marea locura o calma.

Pero al no haber ya nada se retorcerá y se retorcerá.
con hambre,
con sed,
con frío,
con un atrás sin delante,
con guerra,
con nubes formándose en los parpados de mi vereda,
con umbría de sangre,
con amargura,
con algo inconfeso,
con la sombra marchando impar en la senda,
desechando latidos por esta herida supurante.

No hay más soledad que la mía,
solo una voz que antes de fecundar se aborta,
el exilio frecuente de una cuenta inmerecida
solo una espera en fracción bajo el portón,

una mueca grafía sin línea,
ser la llaga de Dios siendo la morisqueta del diablo,
solo la fuga sintáctica de una lengua en el montón.

No hay más soledad que la mía,
sí en mi cavidad hay esclavas muchas voces
como el juglar esquivo de una arisca madrugada,
que ha limitado su lumbre en la umbría
al lado de una arboleda en flor de roca.

No hay más soledad que la mía…

Porque soy un lugar al sur
después de la luz del sol.