Jorge Humberto, Covina, Portugal

Poema de una madrugada

Por entre las sombras silenciosas de los árboles
el rocío esparce sus gotas.
El primero en cantar de los
pájaros despiertos, anuncia una lleve brisa que se levanta
por detrás
de la línea de las aguas del río, trayendo atrás de sí
un frío invisible
y la niebla que va descendiendo hasta al suelo,
formando una capa opaca, en medio de la floresta.


Agrupados, con sus ojos grandes
y rojos, los animales buscan el calor deseado
mientras esperan que desde el horizonte se asome
el tan esperado día y su inmenso sol, cubriendo todos los cantos,
robándoles el letargo, ansiosos por correr
libremente por entre las hierbas blandas.


Sólo a los pájaros habituados al frío,
desde bien tempranito, su canto,
bellas melodías, va dejando,
de aldea en aldea, de calle en calle,
en su llamar persistente, simple forma de reconocimiento.


Sombras de gatos hambrientos, buscan
el camino conocido para sus cacerías.
ya a lo lejos,
los primeros naranjas y amarillos se muestran,
explotando en la línea del horizonte,
resueltos a conquistar, más de una mañana
de nueva vida, que va despertando aquí y allí, como en una sonrisa.


Abro la ventana, para acercarme a los primeros rayos de sol,
y encantado permanezco, al ver a los animales en sus dominios
y más allá los jardines, que me llenan los ojos y el alma con una nueva flor,
tras la furia de la madrugada.



03/05/09